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25 mayo 2017

Dormir en el Megaresort de Star Wars



Qasr Al Sarab, en los Emiratos Árabes Unidos, tiene poco de galáctico y mucho de terrenal. Se trata de uno de los resorts en el desierto más interesantes y lujosos del mundo y en la última entrega de Star Wars: el despertar de la fuerza fue elegido para recrear en una parte de su extensa propiedad el planeta Jakku.


Si es de los tres o cuatro curiosos que no abandonan la sala de cine hasta que no terminan todos los títulos de crédito buscando las localizaciones de la película y ha hecho lo propio con Star Wars: el despertar de la fuerza, tal vez le resulte familiar este nombre: Qasr Al Sabar. Figura en el breve capítulo de menciones y agradecimientos que sigue al pelotón de especialistas en efectos visuales, digitales y de animación 3D que hacen que todo parezca tan galáctico.

Qasr Al Sarab Desert Resort tiene poco de galáctico y mucho de terrenal. Se trata de uno de los resorts en el desierto más interesantes y lujosos del mundo y fue elegido para recrear en una parte de su extensa propiedad el planeta Jakku, ese hábitat inhóspito donde vive la heroína-chatarrera Rey y en el que se desarrolla la primera parte de la cinta.

Los especialistas en efectos especiales y decorados no tuvieron que emplearse mucho para recrear dunas de cientos de metros y mares de arena infinita. Todo está allí, no hay trampa ni cartón.



Extensiones de arena y vacío

Qasr Al Sarab se levanta en los Emiratos Árabes Unidos, a unos 200 kilómetros de su capital, Abu Dhabi, en dirección a Arabia Saudita. El desierto de Rub’Al Khali, la mayor superficie de arena continua del mundo y una de esas regiones más inexploradas del planeta.

Verdadero infierno en verano, temperaturas gélidas por la noche, con dunas móviles de cientos de metros y una extensión similar a Francia, lleva siglos imponiendo respecto incluso a los beduinos. En sus entrañas se esconden buena parte de las reservas mundiales de crudo, petrodólares con los que los emires financian costosísimos proyectos como el de Qasr Al Sarab.

Concebido en principio para uso exclusivo de la familia gobernante del emirato, el resort amplió hace cinco años sus principescas instalaciones y se abrió al público. Un público amante de la fascinación del desierto, de su silencio profundo, de esa (cálida desolación) de quien prefiere no solo disfrutarlo sin penurias sino más bien a todo plan. Como los jeques, para entendernos.


La cultura del desierto

Y los jefes, pese a una imagen que se asocia normalmente a excesos superferolíticos recargados de dorados a lo Burj Al Arab, también saben construir proyectos que reflejan la cultura del desierto y las tradiciones árabes y beduinas. Este es el caso. Como también lo son los resorts Al Maha, en el emirato de Dubai, y Al Wadi, en el emirato de Ras Al Jaima. De los tres citados, todos muy recomendables, quizá Qasr Al Sabar es el que ofrece una experiencia de desierto más profunda y auténtica, debido a su excepcional localización.

Unas murallas color arena con pequeños torreones fortifican la entrada a la propiedad. Al otro lado, el oasis. La mejor hospitalidad árabe y asiática, pues el resort está gestionado por la reputada cadena tailandesa Anantara. Buena gastronomía y excelente spa en medio de la nada. Las villas son amplias, decoradas con buen gusto y sin ostentaciones en tonos cremas y marrones. Todo habla de la cultura beduina: alfombras, lámparas, piezas de artesanía.

Aunque las suites más lujosas disponen de su propia piscina, uno de los rincones más agradables es la gran piscina común rodeada de palmeras que se abre a las esplendidas dunas desnudas. Es el epicentro del resort, un poco como ocurre en La Mamounia de Marrakech. Y lo cierto es que el baño se agradece después de explorar un poco los alrededores o incluso atreverse con el sandboarding, versión arenosa del snowboard, que permite a los más habilidosos deslizarse por las dunas sobre una tabla.

También se pueden hacer excursiones a caballo y en camello, incluso yoga en pleno desierto. Si una escapada al desierto parece una buena idea para huir del gris invierno europeo, en verano Rub’Al Khali debe parecerse mucho al inhóspito planeta Jakku. Mejor aventurarse en ese caso con la fuerza.



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