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10 noviembre 2016

Queen Mary, el barco que sobrevivió a Hitler y acortó un año la II Guerra Mundial



QUEEN MARY, EL BARCO QUE SOBREVIVIÓ Y ACORTÓ UN AÑO LA II GUERRA MUNDIAL

Reconvertido hoy en museo y hotel "kitsch", el "Queen Mary" fue uno de los más célebres transatlánticos de los años 30. Durante 14 años mantuvo el récord de la travesía a Nueva York más rápida. Bautizado en 1934 por el rey Jorge V y su mujer, la reina María, el barco Queen Mary representa no sólo a Gran Bretaña, si no a todo un imperio. Dada la velocidad que alcanzaba y la cantidad de artillería y militares que transportaba, Hitler llegó a ofrecer recompensa por su hundimiento. Según declaró Churchill, las dos reinas (el Queen Mary y el Queen Elizabeth) permitieron acortar la II Guerra Mundial un año.


California parece una buena última morada para las viejas glorias. Tal vez sea porque está acostumbrada a acogerlas cuando son estrellas y a guardar sus secretos de decrepitud cuando dejan de brillar. El Sunset Boulevard de uno de los barcos más célebres de la época dorada de los grandes transatlánticos se encuentra precisamente allí. En Long Beach, cerca de Los Ángeles, el que fuera buque insignia de la legendaria compañía Cunard pervive como museo, hotel y sede de eventos varios. Desprende un ligero sabor de atracción de feria que quizá no sea el mejor epílogo para una de las grandes damas de su tiempo. En la recepción, un staff con uniformes de la marina, recibe a un visitante dispuesto a "vivir una experiencia única". Un poco a lo Titanic, pero sin tragedia final.

Sin duda, es un buen lugar para hacerse una idea de cómo era la vida a bordo de un gran barco de los años 30, pero tal vez pasar allí una noche resulte algo excesivo si uno no va entregado a la causa. La abundante memorabilia original convive con recuerdos verdaderamente kitsch a la altura de los souvenirs de la actual campaña presidencial. Los americanos estas cosas las hacen como nadie. "El bufet está rico y como alternativa hay un Starbucks". Un visitante de Arizona recuerda que los 30 primeros minutos del parking son gratuitos. De media, cuesta 167 euros pasar la noche y se ofrecen paquetes especiales para eventos y lunas de miel.


Amor, guerra, aventura, fortuna, libertad. Los grandes transatlánticos significaron muchas cosas. Ellos mismos adquirieron la categoría de personajes de estas historias al protagonizar grandes rivalidades, procurar prestigio y gloria a sus propietarios y aportar tensión y competitividad para tratar de hacerse con el título de ser el más rápido en realizar la travesía estrella. Un puñado de nombres propios forman parte de esta historia: Rex, Normandia, Conde de Savoia, Europa y, naturalmente, Queen Mary, quizá el más célebre.

Como explican Chris Frame y Rachelle Cross en el libro The Evolution of the Transatlantic Liner, no se entiende lo que significó en su día el Queen Mary sin tener un cuadro general del transporte de pasajeros desde que Samuel Cunard estableció en 1840, con el Britannia, el primer servicio regular entre las dos orillas del Atlántico. La empresa fue un éxito y pronto surgirían importantes competidores: Collins Line y White Star Line, entre otras. La competencia resulta fundamental para comprender la escalada hacia el lujo y el confort que estas empresas le dedican a sus pasajeros de primera clase, aunque su principal fuente de ingresos fuera el transporte de los millones de inmigrantes que compraron los pasajes más modestos.

Aunque Cunard perdió nada menos que 22 barcos en la I Guerra Mundial, incluido el famoso Lusitania, la época más dura para la compañía llegó en los años 30. La Gran Depresión y el crack del 29 dejan la triste imagen de flotas envejecidas y barcos en construcción inacabados. La foto de un incompleto nuevo buque de Cunard, el Hull 534, es utilizada repetidamente por la prensa para mostrar el declive de esos años. Francia, con menos problemas económicos, inaugura el 29 de octubre de 1932 el Normandie, un barco que pone por primera vez en alta mar la grandeur y toda la belleza e innovación estilística art déco. La Compagnie Géneral Transatlantique se propone "hacer la criatura más bella que haya surcado el Atlántico". Su salón de primera clase era mayor que el Salón de Espejos de Versalles, con lámparas de Lalique; sus suites las firman los diseñadores del momento. El 29 de mayo de 1935 parte del puerto de Le Havre con destino a Nueva York, donde será recibido por 100.000 personas. No sólo es grandeur. El buque se hace con el Blue Riband, la cotizada cinta azul, al acreditar la travesía más rápida de la Historia.




La superioridad francesa coloca a Gran Bretaña en una posición incómoda. No sólo es eclipsada por Francia, también por Alemania e Italia, que estrenan modernos transatlánticos como el Rex o el Conde de Savoia. El Gobierno británico decide intervenir ante el riesgo de perder a sus dos grandes navieras. En 1930, la White Star declara pérdidas por primera vez, lo que ni siquiera había sucedido tras la tragedia del Titanic. El Estado impone sus condiciones para dar apoyo financiero: las dos grandes rivales han de unirse y sumar esfuerzos. En 1934 nace Cunard-White Star Line. La inyección de las arcas públicas permite concluir la construcción del Hull 534. El viejo símbolo del declive pasa a ser el icono de la nueva prosperidad. Los ingleses quieren para su mejor transatlántico un nombre que muestre el orgullo nacional y que resulte inequívocamente británico. El Hull 534 se convierte en el Queen Mary el 26 de septiembre de 1934, en una ceremonia presidida por el rey Jorge V y su mujer, la reina María, en Clydebank (Escocia), retransmitida por la BBC.



El "Queen Mary" el día de su botadura. En el centro del edificio acristalado se puede ver a los reyes de Inglaterra, Jorge V (ante el micrófono) y María de Teck (detrás de él)

No fue excesivamente innovador en su diseño exterior y, como el exitoso Normandie, optó por el art déco en sus interiores, si bien con menos extravagancias que su competidor francés. Además, había ciertas diferencias en el estilo de vida a bordo. Si el Normandie servía champán y caviar por la noche, el Queen Mary proponía té a las cuatro de la tarde, una tradición que todavía perdura. Contaba con dos piscinas cubiertas, tiendas, salón de belleza y otros espacios más convencionales, como bibliotecas y salas de juego. Fue el primer barco de pasajeros del mundo en disponer de una sinagoga. Sus interiores aspiraban a representar no sólo a Gran Bretaña, sino a todo el imperio. Se usaron en él maderas y tejidos traídos de todos los rincones. Sus 16 turbinas de vapor le permitían navegar a 28,5 nudos y tenía una capacidad para 2.139 pasajeros.



El 27 de mayo de 1936 hizo su crucero inaugural. Su entrada en el puerto de Nueva York, recuerda el escritor William H. Miller, fue escoltada por un centenar de embarcaciones. En agosto de ese año recuperó para los ingleses el Blue Riband, lo que la prensa de Londres consideró "la vuelta al orden natural de las cosas". En 1938 batió su propio récord con un tiempo de tres días, 23 horas y 48 minutos, una marca que mantuvo hasta 1952. Cuando estalla la guerra en Europa, el Queen Mary acaba de completar su travesía número 143 y está seguro en Nueva York. Pronto se uniría a él su buque hermano, el Queen Elizabeth, construido en 1936. Pero las dos reinas estuvieron poco tiempo juntas. El 21 de marzo de 1940, el primero sale con destino a Sidney. En la isla de Cockatoo es reconvertido en buque para transporte de tropas, dotado de piezas de artillería y de literas. Se mueve tanto por Australia y Nueva Zelanda como por Suez y el Atlántico Norte. La velocidad es su mejor arma y Hitler llega a ofrecer una recompensa por su hundimiento. Los dos barcos transportaron en la II Guerra Mundial casi dos millones de personas, la mayoría militares. Según declaró Churchill, las dos reinas permitieron acortar la guerra en Europa un año.

Terminada la contienda, el Queen Mary y el Queen Elizabeth vuelven al servicio, ofreciendo entre ambos dos travesías atlánticas a la semana. Pero el aguijón definitivo no fue ningún submarino de la Kriegsmarine, como temían, sino un Boing 707. La Pan American Airlines opera en octubre de 1958 el primer vuelo comercial a través del Atlántico. El tiempo de los transatláticos empezaba a quedar atrás y las reinas no resultaban operativas para la nueva era de los cruceros. Sus características técnicas hacían imposible su reconversión en resorts flotantes capaces de pasar el invierno en aguas cálidas, eran demasiado grandes y con quillas demasiado profundas para el Mediterráneo y el Caribe. En 1967 la venerable dama fue vendida a la ciudad de Long Beach, tras realizar su último crucero en septiembre de ese mismo año. Una de sus bocinas está hoy en el Queen Mary 2, construido en 2004 por Cunard. El sonido es el mismo, casi todo lo demás ha cambiado. Lo más parecido de aquellos días de gloria es visitarlo en su Sunset Boulevard de Long Beach. No lo olvide, primeros 30 minutos de parking gratis. Y un Starbucks.

¿Nos vamos al Queen Mary?


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