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28 noviembre 2016

Los 10 Pueblos más Bonitos e Idílicos de Austria

LOS 10 PUEBLOS MÁS BONITOS E IDÍLICOS DE AUSTRIA

Con tanta montaña, tanto laguito, tanto río desbordado y tanta Sisí emperatriz, Austria es un paisaje donde cualquier aglomeración urbana queda bien. Pero, además de jugar con la nieve, la hierba y las cumbres desnudas, aquí los lugareños han puesto bastante de su parte para que las aldeas tengan mucho más encanto que el de sus embarcaderos y chimeneas. Con estos diez ejemplos se radiografía un país esencialmente rural y aislado, donde el Tirol impone el folclore y la nobleza las buenas maneras.

Weissenkirchen
Este pueblo ribereño ejemplifica la clase y la sutileza de la vida en Wachau, una de las regiones rurales más delicadas de Europa. A su fina arquitectura y sofisticados modales, Weissenkirchen le añade su paisaje entre viñedos, el contraste entre sus lomas plagadas de vides con las punzantes turres blancas de las iglesias. Una escapadita que se remata con unas buenas copas de riesling, que para eso le gusta a todo el mundo.



Gmunden
Este pueblo vive feliz todo el año siendo el rey de su lago. Y con esas hechuras y chulería de saberse el amo se muestra ante el visitante. Gmunden sobresale al revés que el resto de los pueblos austriacos: cuando aprieta el calor. A sus aguas vienen a bañarse veraneantes de regiones vecinas atraídos por su sofisticación y su señorío, algo de lo que constantemente se jactan desde las ventanas de su precioso ayuntamiento. Su otro gran atractivo es el cercano castillo de Ort, una especie de cisne blanco que descansa en una pequeña isla sobre las aguas.


Hallstatt
Hallstatt es un pueblo guapo a rabiar e idílico a más no poder. De hecho, tiene el galardón de pueblecito lacustre más hermoso por el contraste de sus casas con el lago homónimo. Pero no solo vive de esa panorámica tan resultona ya que en su interior no guarda solo calles delicadas. La plaza del mercado es todo un ejemplo de sobredosis de decoración mientras que la iglesia parroquial románica pone orden con su coqueta torre. Pero también tiene su lado truculento en su osario, compuesto por más de un millar de cráneos cuidadamente adornados.


Krems
Krems es una ciudad en miniatura donde las murallas y las puertas han sido disimuladas y maquilladas con el tiempo y los gustos pastelosos de sus habitantes. Su centro histórico alterna callejuelas que recuerdan su vieja planta medieval con enormes edificios de aspecto neoclásico que evidencian su bienestar económico. En los bajos y en los soportales de estas moles tintinean las cucharillas de los cafés de unos habitantes que saben reverenciar este momento merendero del día.


Alpbach
En Alpbach las flores no crecen (solo) en el campo. Lo hacen en las macetas de los balcones, tiñendo con colores cálidos la morena madera de estos gigantescos chalés. Tanto orgullo y exhuberancia hay que este pueblecito montañoso se ha ganado el mote de pueblo florido más hermoso de Europa, algo que atrae a los esquiadores que encuentran en sus bares, en sus tiendecitas eternamente navideñas y en su música tirolesa la fórmula que completa un día entero deslizándose.


Lienz
Sí, Lienz es Tirol, pero del sur y eso se nota. Bueno, también tiene su culpa su cercanía con Italia, país del que le separan os Dolomitas. ¿Y en qué se manifiesta su mediterranismo de palo? Pues en que no solo gobiernan los esquís y las raquetas. Aquí en cuanto sale un rayo de sol proliferan las terrazas y hasta florecen las simpáticas palmeras de la Hauptplaz. Así, el paseo alrededor de su ayuntamiento y de su mastodóntico castillo sabe mejor y Lienz se muestra un poco más callejera y burlesca.


Dürnstein
Hay dos Dürnsteins vistos desde el Danubio. El primero es el más moderno, el que responde más a los cánones austrohúngaros de calles con casitas de colores amables, farolas barrocas y suelos adoquinados. Uno de esos pueblos en los que hay que ir guapo hasta para comprar el pan. El segundo es el más medieval, el más épico, con las ruinas de su castillo gobernando el cauce del río y recordando su valía geoestratégica. Entre los ilustres habitantes de sus muros, destaca Ricardo corazón de león, quien estuvo preso en sus mazmorras.



Mariazell
Hasta esta pequeña localidad situada en el corazón del país peregrinan todos los años miles de católicos. Aquí se halla el santuario mariano con más devotos de Austria, lo que ha convertido a Mariazell en un pueblo temático cristiano. La visita a su basílica barroca es imprescindible, aunque solo sea por lo sobrecargado (y sobrecogedor) de su interior en claro contraste con un exterior menos llamativo. Cuando uno se cansa de la virgen quedan unas cuantas calles que no desentonan ni con el templo ni con la naturaleza que lo rodea.


St. Gilgen
Este puertecito recoge a todos los barcos que felizmente pululan por el turístico lago Wolfgang. St. Gilgen es una escapada perfecta desde Salzburgo, un acercamiento menos pomposo a los Alpes austriacos donde las calles empedradas y las casas decoradas y policromadas a lo grande (no se pierdan su ayuntamiento) marcan tendencia. Pero también la figura de Mozart, ya que este lugar se autoproclama ‘pueblo mozartiano’ ya que tanto el abuelo como la madre de Wolfgang son de aquí. Por eso a nadie le importa que el compositor nunca pisara estas tierras. Total, su magnetismo sigue vendiendo bombones y souvenirs…


Berwang
En lo más alto del Tirol aguanta los años esta aldea. Berwang es todo lo que se le puede pedir a un pueblo alpino que no tiene más mérito que el de resistir con sus construcciones achaparradas a las nevadas más duras. Es, sobre todo, un paisaje invernal, un punto de partida para patear los Alpes orientales y disfrutar de las vistas del Zugspitze, una montaña fotogénica al otro lado de la frontera alemana.



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