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14 mayo 2015

Escapada de Fin de Semana (Vilna, la gema del Báltico) Lituania






VILNA, LA GEMA DEL BÁLTICO (LITUANIA)





Las 360 hectáreas que ocupa el casco histórico de Vilna –o Vilnius–, uno de los más amplios de la Europa oriental y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1994, han quedado perfectamente resguardadas entre el río Neris y su afluente, el Vilnia, que da nombre a la ciudad. Las mejores panorámicas se aprecian desde la Colina de las Tres Cruces (donde antaño hubo un castillo), desde el campanario más alto, el de la iglesia de los Santos Juanes, o desde la torre que aún se preserva del antiguo castillo de Gediminas, el Gran Duque de Lituania, que fundó la ciudad siguiendo un augurio onírico. Encontramos una escultura referente a su leyenda en la asimétrica, irregular e inmensa explanada que, a los pies de la colina del castillo, funciona como una plaza mayor.


El triunfo del barroco

El Nobel literario Czeslaw Milosz definió a Vilna como una ciudad cuyas nubes parecen arquitectura barroca y cuya arquitectura barroca se asemeja a nubes coaguladas. En aras de engrandecer su capital, ya en el siglo XIV el Gran Duque Gediminas había invitado a dos de las órdenes monacales más poderosas del momento, los franciscanos y los dominicos, a quienes seguirían a mediados del siglo XVI los vigorosos jesuitas españoles. Todos ellos embellecieron la ciudad con multitud de templos y monasterios, que poco a poco fueron combinando las galas del barroco con un amor desmedido por la arquitectura de los clásicos, predominando en sus fachadas la característica sinfonía de tonos blancos, cremas y gris pálido, que hacen que los poetas comparen el barroco de Vilna con las nubes. Por eso, en esta ciudad ver iglesias es algo más que una opción, es prácticamente un imperativo.

Empezando por su curiosa Catedral blanca, semejante a un gigantesco templo romano y cimentada en las más enigmáticas creencias paganas, con una enorme torre exenta también blanca, y continuando por una interminable lista de templos entre los que destaca la barroca opulencia de San Pedro y San Pablo, el esplendor interior de la iglesia dominica del Espíritu Santo, la apabullante ornamentación rococó del templo dedicado a Santa Teresa, el renacentista aspecto de ladrillo de San Francisco y Santa Bernardina y el encantador aspecto con que el templo de Santa Ana interpretó el gótico utilizando treinta y tres tipos distintos de ladrillo. Y sin olvidar tampoco sus bellos santuarios ortodoxos, con sus características cúpulas.


Hegemonía arquitectónica y verdes colinas

Pero lo que realmente sorprende de la capital lituana es la armonía que se respira en todo el conjunto histórico, la amplitud de sus plazas, la depurada elegancia de sus antiguos palacios neoclásicos, la serenidad de los tonos pastel de las fachadas, los rincones de verdor y la visión casi desde cualquier punto de sus colinas boscosas. La animada Pilies (calle del Castillo), la más vieja y lujosa de la ciudad, adoquinada y con bien conservadas muestras del gótico y el renacimiento, sigue el trazado del antiguo camino hacia Polonia y Rusia. Hoy plagada de comercios , donde se venden, entre otras muchas cosas, los dos productos más renombrados de la ciudad: las prendas de lino y el ámbar, el mítico oro del Báltico, destaca sobre todo por el buen número de cafés, hoteles y restaurantes emplazados en edificios históricos de cálidos y acogedores interiores. Mucho encanto muestra también el antiguo barrio judío, que destaca por sus callejuelas sinuosas y por sus bien restauradas casas.


Sabia y creativa

Los famosos Collegium jesuitas de Teología y Humanidades, que pronto se transformaron en una de las universidades más antiguas y acreditadas de Europa, convirtieron a Vilna en uno de los principales focos culturales y comerciales del Báltico (en unión con el reino polaco), alcanzando su máximo desarrollo a lo largo del siglo XVI. La Universidad de Vilna sigue constituyendo a día de hoy uno de los emblemas de la ciudad tanto a nivel histórico y académico como turístico. Fundada en 1579, ocupa un enorme compendio de edificios góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos articulados en torno a trece patios, y conserva algunas salas interiores que suponen una auténtica joya.

Mientras el fruto de la escuela pictórica de Vilna, desde el siglo XVI hasta el XX, puede contemplarse en el suntuoso palacio de los condes Chodkiewicz, convertido en museo de arte, el espíritu más bohemio de la tradición estudiantil colonizó y coloreó por su parte un viejo barrio de artesanos y molineros del siglo XVI, Uzupis, situado del otro lado del Puente Verde sobre el río Vilnia, erigiéndolo en una república de las artes con Constitución propia, hoy también muy turístico. El placer de la creatividad de la capital lituana queda reflejado tanto en la cantidad de esculturas y monumentos de toda índole que decoran la urbe como en los numerosos talleres y galerías de arte y artesanía que salpican la ciudad. Porque en Vilna, el amor por el arte y la cultura es algo consustancial a su esencia.



Hoteles: Arropados por la historia

Lo más conveniente para conocer las maravillas de Vilna es alojarse en pleno casco histórico. En la plaza de la catedral se halla el grandilocuente Kempinski Hotel Cathedral Square, que mezcla un estilo clásico y moderno con restaurante de cocina europea y un lujoso Spa.




En la animada calle Pilies encontramos dos buenas propuestas: el histórico Narutis, elegante y cálido, con un moderno Spa y su vieja bodega convertida en un atractivo restaurante.



Y el original Atrium, que ha habilitado un edificio del siglo XVI con mucho cuero, ladrillos vistos y tapicería de tonos terrosos, con sauna y jacuzzi, algunas habitaciones realmente espaciosas y una sabrosa gastronomía argentina.



Muy céntrico también, en un dédalo de tranquilas callejuelas adoquinadas, el Stikliai Hotel, es la apuesta de Relais & Châteaux en Vilna, un pequeño cinco estrellas romántico y delicado, con habitaciones todas distintas y un agradable patio ajardinado.



Más allá, en la prolongación de la calle Pilies se hallan el Radisson Blu Astorija, clásico por fuera y moderno por dentro, con centro de salud y una brasserie con terracita al estilo de Montmartre.



El Ramada Hotel & Suites Vilnus, que ha colocado televisiones frente a las bañeras de hierro fundido de sus cuartos de baño.



Y el Europa Royale Vilnius, un edificio con herencia arquitectónica de todas las épocas de Vilna, que incluye un restaurante con patio del siglo XVI.



También en el casco histórico y próximo a grandes zonas verdes, el Mabre Residence Hotel, ofrece 40 habitaciones contemporáneas en un monasterio del siglo XVI, con piscina interior, sauna y un restaurante especializado en chuletones de calidad.



Muy acogedores resultan a su vez dos hoteles boutique con interesantes restaurantes gourmet: el Shakespeare hotel Vilnius, de estilo británico clásico.



y el Grotthuss hotel vilnius, con un bello jardín interior.


Excelente la cidad de Vilna en Lituania. La semana que viene otra Escapada de Fin de Semana, pero, yo siempre contigo, y tu junto a mí, que te parece el plan, a que es guay.

Recordar que mañana viernes, tendremos nuestra sección de Hoteles de Leyenda, y el lugar elegido es el siguiente.


Nada mas, estamos en contacto, chao.



                                                         



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