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02 abril 2015

Escapada de Fin de Semana (Copenhague, Corazón Mercante) Dinamarca






COPENHAGUE, CORAZÓN MERCANTE  /  DINAMARCA




La capital danesa es, ante todo, una ciudad de intercambios comerciales. Tiene sentido si se atiende a su posición geográfica: entre el centro de Europa y los países del Norte. Y, quizás, ahí radique su principal atractivo. Imposible resistirse al inmenso catálogo de productos que se muestran en sus tiendas tradicionales y en los modernísimos centros comerciales creados en los últimos años, diseñados por algunos de los más notables arquitectos nórdicos.



Otro de los encantos de Copenhague es su dimensión. En bicicleta o a pie se pueden recorrer, sin fatiga, sus principales monumentos, museos, parques, zonas comerciales y de ocio en general. Un ejemplo, el paseo por Strøget, un conjunto lineal de calles y plazas que está considerado como una de las zonas peatonales más largas del mundo. Peatonal y comercial hay que decir, pues lo que aquí proliferan son las tiendas de productos libres de impuestos, de recuerdos, decoración, moda, complementos, joyerías, terrazas y restaurantes con encanto y alguno de los negocios proveedores de la casa real danesa. De hecho, no es inhabitual encontrarse con alguno de los miembros de la familia real de paseo por la zona.



Favorece el hecho de que la residencia oficial de la monarquía danesa esté a dos pasos: el complejo de Amalienborg. Formado por cuatro palacios construidos a mediados del siglo XVIII en estilo rococó, distribuidos en una armónica plaza octogonal de acceso público, Amalienborg es residencia real desde finales de ese siglo, cuando un incendio redujo a cenizas el Palacio de Christiansborg. A las 12 de la mañana se produce el escenográfico cambio de la guardia, un espectáculo que los daneses suelen recomendar a todos sus visitantes.


Ocio en el canal

El otro palacio real de visita obligada en Copenhague es Rosenborg (de la Rosa), de principios del siglo XVII, aunque se observa muy reformado. La antigua residencia de los regentes daneses se ha convertido, fundamentalmente, en un museo que alberga las colecciones reales, incluidas las joyas de la Corona. El conjunto se completa con unos cuidados jardines que anualmente recorren más de dos millones y medio de visitantes.

Muy próximo al Palacio de Amalienborg se encuentra otro de los focos turísticos de la capital: Nyhavn. El canal, construido en el siglo XVII como exigencia de los comerciantes locales para facilitar el desembarco de las mercaderías llegadas a través del Báltico, se ha convertido hoy en un atractivo centro de ocio, en el que visitantes y paisanos se arraciman, sobre todo al atardecer, en cuanto llega el buen tiempo. La razón es que los antiguos almacenes portuarios de tejados a dos aguas y fachadas en escalera que flanquean el canal se acabaron pintando de colores, transformándose en restaurantes, bares y hoteles con encanto. Es una auténtica delicia tomar algo en alguna de las terrazas, aunque, eso sí, los precios son bastante caros.



Jardines de Tivoli

La célebre cerveza danesa Carlsberg y la familia creadora y propietaria de la marca son el origen de otro de los lugares básicos de Copenhague, que alberga la colección artística más importante de la capital: Ny Calrsberg Glypotec. Este museo, con secciones de arte antiguo egipcio, griego, etrusco, romano y de Medio Oriente, también tiene un ala dedicada al arte contemporáneo, en la que destacan obras de Degas, Toulouse-Lautrec, Rodin, Sisley, Pissarro y Gauguin, entre otros genios.

Tras la cultura, apetece divertirse de una forma algo más desenfadada. Y en Copenhague está el parque de atracciones más famoso del mundo (con permiso del imperio Disney, claro): los jardines de Tivoli. Situados en la zona sur del centro histórico, es una delicia pasear por sus rutas arboladas, flanqueadas por atracciones retro, restaurantes y terrazas de temática exótica, junto a artilugios modernos, ideales para amantes de las emociones fuertes. Pero Tivoli es, ante todo, un sitio muy familiar. En verano son muchos los daneses que se acercan hasta aquí, con la merendera en la cesta, para disfrutar de una cena al aire libre que muchas veces se prolonga hasta una madrugada en la que apenas llega a oscurecer. Tivoli, sin duda, es la principal atracción de Copenhague, con más de cuatro millones de visitantes al año.


La estatua más famosa de la ciudad

Y eso que tiene una seria competencia en una pequeña estatua de bronce situada a orillas del puerto. Simboliza a un personaje de cuento creado por el danés más conocido internacionalmente: Hans Christian Andersen. El personaje en cuestión es La Sirenita, y es casi imposible visitar Copenhague sin hacerse una foto junto a ella. Y eso que el entorno en el que se encuentra, con el fondo de barcos mercantes y almacenes portuarios, no se puede decir que sea demasiado atractivo… Aunque, eso sí, a espaldas y a dos pasos se puede encontrar un momento de relajado paseo en el parque Churchill, que alberga la fortaleza del Kastellet, con forma de estrella y construida a principios del siglo XVII. En el parque, frecuentado por muchas familias, es una delicia observar a los niños embelesados, y a veces sorprendidos, con las evoluciones de las muchas aves que anidan aquí.


Hoteles:  Triunfa el diseño nórdico

Nimb Hotel, en plenos jardines de Tivoli, este hotel parece una fantasía de fisonomía, lujos y atenciones orientalizantes. Tiene solo 14 habitaciones, nueve de ellas tipo suite, decoradas con antigüedades y algunas de las más innovadoras tecnologías de la firma Bang & Olufsen. No hay que perderse el restaurante, uno de los más reconocidos y premiados a nivel internacional en la capital danesa.



Radisson Blu Royal Hotel, si le gusta el diseño, sobre todo el de mediados del siglo XX, este es su hotel. Solo un dato para corroborarlo: el autor es nada menos que el arquitecto y diseñador Arne Jacobsen. De sus 260 habitaciones y suites, la más demandada es la 606, que mantiene la decoración y los muebles que fueron ideados por el propio Jacobsen en 1960.



Copenhaguen Admiral, al observarlo por primera vez, llaman la atención los monolíticos volúmenes de su fachada. Y, al traspasar sus puertas, uno espera encontrarse con mucha austeridad y escasos lujos, pero nada más lejos de la realidad. Tanto en las 366 habitaciones como en el restaurante, el bar y el resto de espacios generales se respira una confortable combinación entre elementos del pasado (el edificio se construyó en el año 1787) y comodidades y diseño muy actuales.



Copenhagen Island Hotel, sobre todo en la última década, con la reconversión de parte de las antiguas zonas de almacenes portuarios, Copenhague se ha convertido en un laboratorio para los nuevos arquitectos nórdicos. En ese ambiente resulta especialmente recomendable este hotel, construido en el año 2006 y donde el agua es el principal leit motiv, tanto en su concepto arquitectónico, con fantásticas vistas al puerto comercial, como en los detalles y colores de la decoración. En total, 325 habitaciones, a cada cual más confortable.


Aquí, ponemos punto final a nuestra escapada de Fin de Semana, la semana que viene, tendremos otra escapada, y seguro que será igual o incluso mejor que esta.

Recuerda que mañana viernes (Viernes Santo) nos alojaremos en nuestro Hotel de Leyenda, y el hotel u hoteles que hemos elegido, estan en esta ciudad europea.     


Estamos en contacto, chao.

                                              



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