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25 marzo 2015

Paraisos del Mundo (Madeira) Portugal





MADEIRA



Desde el Pico do Arieiro, a 1.818 metros, se domina casi toda la isla de Madeira que, con sus 741 km2, es la mayor de las islas de Portugal. Allí, rodeados de cientos de turistas y junto a un restaurante y una tienda de recuerdos, parece difícil hallar la serenidad y el silencio que asociamos con la montaña. Aun así, merece la pena cubrir los 17 kilómetros que separan este punto de Funchal, la capital, a través de una carretera serpenteante y, por momentos, escalofriante. Y lo merece porque desde aquí se comprenden las dimensiones de Madeira, en medio de un océano que se antoja infinito y porque, en realidad, con solo caminar unos centenares de metros por el sendero que lleva hasta Pico Ruivo (máxima altura de la isla con sus 1.861 metros), la sensación de comunión con la naturaleza es inmediata.

Kilómetros más abajo, en Ribeiro Frio, donde la carretera se abre paso entre un espeso bosque de laurisilva, esa suerte de éxtasis natural continúa embriagando los sentidos. La explicación está en el ambiente, casi onírico, que generan los girones de nubes traídas por los vientos alisios y la humedad que aportan a estos bosques, tan característicos de las islas de la Macaronesia (Madeira, Canarias, Azores, Cabo Verde e Islas Salvajes). Esa humedad constante y un clima realmente benévolo alimentan una variadísima vegetación tropical. Buen ejemplo de esa exuberancia son las muchas especies vegetales (y animales) que flanquean el paseo por la cómoda ruta a pie que comunica Ribeiro Frio con sus célebres Balcões. En poco más de kilómetro y medio se accede a este mirador abierto al valle de Faja da Nogueira, con espectaculares panorámicas a los bosques que cubren las laderas del macizo montañoso de esta parte del centro de la isla.

La vitalidad de Funchal

Y es que, se mire como se mire, Madeira es un destino de naturaleza. Lo es, por más que el cosmopolita sur de la isla se empeñe en desmentirlo con sus complejos hoteleros sobre acantilados. La referencia en esa zona es Funchal, capital histórica, fundada a principios del siglo XV y crecida según el estilo de muchas otras urbes lusas continentales, con sus casas blancas y sus aceras pavimentadas, creando callejas y plazas tan atractivas como la de Colombo o la que enmarca el Jardín Municipal, y levantando edificios tan notables como la Catedral (de principios del siglo XVI y uno de los escasos edificios intactos de los tiempos de la primera colonización), los palacios de Gobierno y de San Lorenzo o el bullicioso y colorista Mercado de los Labradores.

Pero, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la ciudad de Funchal también fue creciendo para el turismo como puerto de cruceros y construyendo hoteles que no siempre responden al estilo y el gusto que se presupondría a un lugar con tantas y admirables riquezas naturales. Por fortuna, el final de la pasada centuria y los principios de esta han ido cambiando la tendencia, con ejemplos tan admirables como The Vine, una referencia para la hotelería lusa actual. Funchal, aparte de capital de la isla, lo es también del vino de Madeira. Resulta muy aconsejable visitar alguna de sus cavas centenarias, como Bodegas Blandy, donde, degustación aparte y gracias al museo instalado en varias casas centenerias contiguas, se puede comprender la importancia de este producto para la historia y economía de la isla y conocer algunos de los secretos de su (paciente) elaboración.

Funchal

Delfines y ballenas

Muy cerca de la capital isleña (apenas a diez kilómetros) está Câmara de Lobos, localidad crecida en torno al puerto de pescadores y donde se respira ambiente marinero en todas sus calles, salpicadas de restaurantes donde degustar manjares como las espadas (o pez sable negro) y la poncha, cóctel a base de zumo de limón, miel y aguardiente. El nombre de esta localidad viene de que, al llegar aquí, los primeros colonizadores portugueses descubrieron que en su bahía habitaba una nutrida colonia de focas monje (o lobos marinos). Por desgracia (efectos de la civilización moderna), ahora es raro que esos animales se acerquen a esta zona del litoral. No ocurre así con otras especies de mamíferos, como los delfines y las ballenas piloto. De hecho hay varias empresas que organizan excursiones en lancha y a pocos centenares de metros de la costa para avistarlos o incluso nadar entre estos simpáticos y sociables cetáceos.

Camara de Lobos

Acantilados de vértigo

Sin abandonar el sur de la isla, dos localidades merecen parada e incluso fonda. La primera es Calheta, donde se puede disfrutar del mar en una playa artificial de arena. Llegados a este punto conviene aclarar que, a diferencia de Porto Santo (la otra isla habitada que conforma el archipiélago), en Madeira no hay arenales costeros. Más bien todo lo contrario: el contacto entre tierra y mar suele ser a través de vertiginosos acantilados, entre los que, de vez en cuando, surge una pequeña cala rocosa. En el concejo de Calheta está el Centro das Artes Casa das Mudas, museo de vanguardista arquitectura donde tomarle el pulso al arte más vanguardista. El otro lugar de referencia es Ponta do Sol, la localidad con mayor cantidad de días soleados de la isla y donde, desde la terraza de alguno de sus hoteles y restaurantes, se disfruta de magníficos atardeceres sobre el mar. Sin duda, un buen lugar en el que despedirse de esta maravillosa isla verde.



Hoteles: Solo hay un Reid’s Palace

El príncipe Leon de Lignac, duque de Soveria Simeri, dejó escrito de su puño y letra en el libro de huéspedes del Reid’s Palace Hotel: “Hoteles hay muchos y buenos hoteles hay pocos, pero solo hay un Reid’s”. La joya hotelera de Funchal, la capital de Madeira, domina el Atlántico desde con su elegante perfil desde 1891. Sus perfectos jardines de hibiscos y buganvillas han visto pasear por sus sendas a personajes como Sissi, la emperatriz Isabel de Austria, el político inglés Winston Churchill, el dramaturgo Bernard Shaw o el actor Roger Moore. Alojarse en él transmite educación, elegancia y respeto por lo bien hecho. Sin duda, el número uno de Madeira.


Un hotel con vistas apabullantes de Madeira es Choupana Hills, situado sobre una especie de balcón natural a centenares de metros de altura sobre Funchal. Sus 34 habitaciones ocupan varias cabañas independientes de estilo thai, distribuidas en un exuberante jardín tropical, bajo una piscina panorámica y el edificio que acoge las zonas comunes. Funchal ofrece otro dos ejemplos de alojamiento muy diferentes.


Por un lado está el hotel de diseño The Vine, donde todo gira en torno al vino: desde la decoración de las 79 habitaciones y la cocina que se sirve en su restaurante Uva (su chef Antoine Westermann está avalado con tres estrellas Michelin) hasta los nombres de los espacios comunes, en los que destaca la terraza con piscina de la planta superior.



También llama la atención la enorme piscina del Hotel Pestana Carlton, como corresponde a un gran hotel con 248 habitaciones y 37 suites. Este hotel de lujo se encuentra sobre un acantilado con vistas la océano y muy próximo al centro y la zona de ocio de la capital. 


Como el anterior, Quinta da Rochinha, en Ponta do Sol, aprovecha la altura de un acantilado para regalar alguno de los mejores atardeceres de Madeira. Las 54 habitaciones, con un atractivo diseño de vanguardia, reconocido por varios premios de arquitectura y decoración, se localizan en varios edificios, separados por jardines y una relajante infinity pool.



Por último, y para gustos algo más tradicionales (que no menos lujosos), está la Quinta do Furao, en Santana, una de las localidades más pintorescas de Madeira. Sus 45 habitaciones están decoradas de una forma clásica y cálida. Una vez alojados aquí conviene no perderse el placer de la piscina o la cena en su restaurante, que ofrece una equilibrada combinación entre sabores portugueses y cocina internacional.


Maravillosa Madeira, es un autentico Paraiso.

Ya estamos preparando el siguiente viaje para conocer mas Paraisos del Mundo, pero sera el miércoles que viene.

Recuerda que mañana jueves, nos vamos de Escapada de Fin de Semana, y nos vamos todos a un lugar no muy lejos de Madeira, el lugar elegido es el siguiente.


Estamos en contacto, chao.

                                    




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